sábado, 28 de mayo de 2011

Comentarios propios

Carta a una señorita que creí reconocer y haber visto antes:

Recuerdo haberte visto, de una manera rara, en el pasado; en un tempo que yo no controlo, que no pensaba que pudiera ser, cuando yo no sabía nada de ti y la chica con quien yo estaba no me había dicho nada de nada. Yo no sabía que alguien me estaba esperando y menos aún quien era ese alguien. No sé ni donde era y no recuerdo exactamente cuando fue. Aún ahora no sé quien eres, X , sólo lo estoy intuyendo, como si fuera un niño recién nacido que no sabe nada. El otro día te reconocí en esta foto. Si las cosas son así, deberíamos hablar cuanto antes. Estoy apenas empezando a saber quien fui, si eso fui y repito que no sé nada de las reglas y de los protocolos del pasado y tampoco de los del presente. No sé ni lo que ha sido cambiado, nada de nada de nada, soy un ignorante completo del que se aprovechan en todas las circunstancias. Sólo me han dicho que estuve durante 350 años apartado, torturado en -----(una palabra que no recuerdo y que ni siquiera sé lo que es). Tampoco sé reconocer a ¿amigos? de ¿enemigos? ni categorías cualesquiera sean y existan. No sé por ejemplo qué ventaja sacarías tú, X, si me concedieras la protección que desde luego necesito y pido. Además pueden aún controlar lo que digo e incluso algunas cosas que hago. Más aún, alguna gente cree que les he dicho algo cuando yo no he dicho y no digo nada de nada.Otros,mi hermano putativo Belz..... probablemente son los que establecen esa comunicación de la que yo ni me entero. Estoy fuera de todo , a merced de los que me odiaban en el pasado y siguen ahora. De eso quiero hablar contigo si quieres. Borra este mensaje si juzgas que no debiera haber sido escrito o si piensas que no te favorece en lo que fuera. Un abrazo y contéstame aquí o en mi blog si lo consideras así. Si no, pues nada, qué le vamos a hacer.


Ayer fui a comprar al supermercado y empecé a oler un melón de tipo francés para saber si era sabroso con finalidades exclusivamente gastronómicas; algunos no saben a nada, son sólo agua y se puede deducir por el olor. Tal consejo me fue dado de pequeño por alguien de mi familia de cuya figura no puedo acordarme. Noté no obstante que me estaban mirando y vi al guardia jurado que me escrutaba. Al llegar a casa recordé -y se me había olvidado- que alguna otra vez me habían reñido por haber olido un melón, que eso no había que hacerlo me habían dicho. Recuerdo también ahora, que me dijeron al menos tres veces en mi vida, pero no lo entendí, aunque lo recuerdo -todo es como un ruido fuerte de maquinaria pesada, a veces, cuando me dicen algo , que me impide entender y a veces ni oír eso que quieren decirme- Godard ha incluso filmado ese ruido; que yo no debiera vivir en la zona especial en la que vivo. ¿Supermercados especiales para gente especial de la que yo no tengo nada en común ni sé nada, ni me han explicado, que utilizan lo que compran para finalidades diferentes de las estrictamente gastronómicas mías? ¿ No me habrán dejado a parte de todo esencialmente, sin las facultades funcionales de los demás y en sitios equivocados de los que además yo no sé nada de nada y luego sobro ?

Y en otro de los supermercados, todavía peor. Corté con la mano, una vez, el palmito verde superior de la parte de arriba de una piña entera, delante de la cajera y se armó la de San Quintín. Tuvo que venir alguien a defenderme, a decir que yo no sabía que no se debía hacer. Lo volví a hacer , ahora me acuerdo, en el mismo sitio otra vez, por razones de ahorro de volumen y peso. No tengo ni la más mínima idea del porqué no se pueden hacer ciertas cosas. No pertenezco a esas categorías ni me han explicado nada ni sé nada ni entiendo nada. Y lo peor de lo peor de todo es que no puedo hablar, me quedo sin poder hablar a la hora de poder explicar, decir esto mismo, por ejemplo ,que he dicho aquí; sin defensa al quedarme (me quedan) sin la facultad de hablar. Me queda la facultad de escribir, pero esta se ejerce con el tiempo pausado -escribir es una síntesis de momentos, vivencias , pensamientos y estilo- y en el retiro de una morada, no en el tiempo real que es el hablar y que yo ni puedo hacerlo quedándome mudo tantas veces, mis manos y no los labios tomando el oficio del decir.