martes, 21 de febrero de 2012

Apariencias; incluso filosóficas.

No todo lo que asumimos como cierto y evidente lo es.


Iba yo a comprar el pan (1) hace unos días, cuando entré en el blog de una alemana de la que sólo conozco su defensa de la cratividad -¿ pero qué es la creatividad ?- y casi nada de nada más, como todas mis relaciones semi epistolares distanciadas internetescas. Me enteré de que un inglés había escrito un libro con el extraño título de "Quirkology" que algunos han traducido, sin desacertar mucho, por "Rarología"; que creo que viene de "quirky" que significa extravagante; extraño; y eso mismo inferí -en primer pensamiento- que debiera ser el autor del tratado, un tal Richard Wiseman; en contradicción con su ilustre apellido.
Leer el libro, de otro excéntrico inglés -y valga la redundancia- no; dije para mí mismo.
Pero unos días después, encontré este vídeo en que le entrevistaban en Youtube:

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=-2V-B9i9WQM#!

En él, dice, en el minuto 0:50, cuando le preguntan de donde viene lo de la supuesta mala suerte de los "viernes y 13" que Judas era el invitado número 13.

Ahora bien , esa afirmación es falsa y paso a mostrarlo.

En un grupo de n personas, cada cual, cada una de ellas, es la enésima o cualquier número entre 1 y n, y ello es válido también para n=13. Si Judas no hubiera estado presente hubieran sido 12; al igual que si cualquier otro de los presentes se hubiera ausentado. Así que decir que Judas era el "tridécimo" -treceavo- es mentir por omisión: todos lo son y todos son cualquier número, como en una curva cerrada o en un círculo en que no hay comienzo ni final, a diferencia de un segmento de línea recta que se puede orientar, darle sentido, comienzo y final. No hay manera de "ordenar absolutamente" a un grupo homogéneo que no sea de una forma puramente aleatoria o bien por especificidades: del más alto o más listo al menos, por ejemplo; y no es este el caso que nos ocupa. Debemos de cuidar más las imprecisiones y hasta falsedades que decimos públicamente, por televisión y otros medios; que no se perdonan a los de abajo, sólo a uno mismo que arriba está y muy estable y confortable. Y esto va para los políticos y otros especialistas obtusos exclusivos y exclusivistas, no para Wiseman.

El mismo tipo de error de razonamiento se produce en baloncesto -es otro ejemplo- cuando un equipo que pierde por 1 punto, gana tras un enceste del jugador X en los últimos segundos. La victoria se debe a todo el equipo, no a X; puesto que si cualquiera de las canastas anotadas por el equipo de X, antes de esta última, se hubieran fallado; el equipo hubiera perdido a pesar de la oportuna última canasta de X. Si X hubiera fallado ese último intento de canasta; tampoco hubiera sido X el responsable de la derrota de su equipo puesto que cualquiera de las canastas anteriormente falladas hubieran hecho ganar al equipo de no haber sido fallos. Todas y cada una de las canastas y tiros libres fallados a lo largo del partido son responsables de la derrota si X hubiera fallado su tiro en el último segundo.

Como el haber descubierto esta imprecisión y error ajeno y haber podido explicarlo ; me puso de buen humor; seguí curioseando por la obra de Wiseman. Y descubrí estos dos vídeos que comenté de la forma que sigue, en la lengua isleña, el 20 de febrero de 2012 en el blog de la chica -y teutona- que me hizo conocer al inglés :

Everybody knows this quote : "The wise man points to the moon; the fool looks at the finger"
But the real question is: If the wise man points to the finger, where will you look at ?

Todo el mundo conoce esta cita: "Cuando el hombre sabio señala a la Luna, el tonto mira al dedo"
Pero la verdadera cuestión es: ¿ Si el sabio señala al dedo, donde hay que mirar ?


http://www.youtube.com/user/Quirkology?ob=0&feature=results_main#p/u/6/HEdzho4LcJ0

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=voAntzB7EwE

No deseo terminar este cuento ligeramente filosófico -pensar que lo que atañe a la matemática no puede ser filosofía, es un error claro y vice versa- sin hablar, como siempre, del tiempo; pero del otro -notese cómo el inglés es más preciso en este caso que el español y que el francés latinos. Son exactamente en este preciso momento, las 6 horas y 37 minutos de la mañana del martes 21 de febreo del 2012. Hace dos días, yo no conocía prácticamente a Wiseman ni a su obra. Pero hace unos años -no me acuerdo de cuantos exactamente- en el pueblo que se da de mucho, donde vivo, en una zona de bares de vinos y de algo de yantar caro, se me acercó un hombre que yo no conocía y me dijo en inglés: "Hello, i am Wiseman would you join me and help me write for Quirkology ?" (2). Me fijé brevemente en su aspecto simpático, sorprendido y dormido -yo- a la vez y seguí caminando, algo irritado, pensando que cuanto loco andaba suelto y encima inglés o americano y que porqué la tomaban conmigo.
Y me asalta una duda, ya que no es ni mucho menos la primera vez, de encuentros en la cuarta fase del tiempo y sin que yo me entere hasta llegar al tiempo real en que a veces me acuerdo y lo cuento como ahora; otras no: ¿ Los visitantes que vienen del futuro vienen ellos o me hacen ir a mí al futuro sin que yo siquiera me dé cuenta, por unos momentos, y me devuelven luego al tiempo que me pertenece (3) ? ¿ Y con qué finalidad; para reparar algo -y cambiar el curso de ese mismo tiempo- que yo ni siquiera soy responsable de ello ? Dudo que aunque me lo hubieran explicado con calma y persuasión, en aquél momento, les hubiera creído yo, de inmediato, a los visitantes temporales -que no sabía yo que el tiempo era escalable y rupturible- con o sin máquina de Wells.
Deseo añadir que a pesar de su inglesía y de que no conozco ni su bondad ni su falta de ella, me caen bien Wiseman y sus desvelos.

(1): Mera referencia literaria
(2): Aproximadamente
(3): Me mandaron una vez a un final de la vuelta ciclista  a España, en mi ciudad, sin yo saberlo ni haberlo pedido, cuando ya habían retirado los andamios y yo pensé que era otra cosa, una exhibición publicitaria y creo que hasta me filmaron en la Gran Vía y alguien en un bar, que lo sabía y me conoce, me dijo que si sabía en que fecha estábamos, que mirara el periódico, pero no lo hice ni le creí, y si no me parecía caro el vino, que había aumentado bastante, en ese futuro en el que estábamos y que yo no sabía y alguien en el autobús urbano de vuelta me dijo que me iba a regresar a mi tiempo y que lo podría contar y recordara y lo recuerdo ahora aunque lo olvidé enseguida , al día siguiente , en el tiempo normalizado del que creí no haber salido. Me dí cuenta -aunque con muchas dudas- cuando, en el futuro, en tiempo normal, fui al mismo sitio, a casi la misma hora tardía- ocho de la tarde o más- a volver a ver ese post-final de etapa de vuelta ciclista. Me pregunto qué habrá pensado alguna gente que me haya visto dos veces vestido  de distinta forma y con edad distinta, que no recuerdo cuantos meses o años de diferencia, a casi a la misma hora y yo sin saberlo ni notarlo.