martes, 8 de mayo de 2012

Un exceso de naturalidad, pero lo natural puede ser artificial: Francis Jammes

Un intento de dar a conocer - y de entender- a Francis Jammes cuyo talento palabresco es indudable y cuya sencillez es también apariencia. 

Traducción torpe aunque voluntarista de unos poemas del sudista y gandul en buen sentido, francés (1); que algún lince de la pesada administración de la no menos inercial enseñanza hexagonal vecina, le coló un cero en el examen de francés de selectividad -baccalauréat.  Para eso, no para otra circunstancia ni modo ni manera sirven las revoluciones y sus exégetas,  los napoleones y sus mujeres,  las  conquistas y sus imperios,  las repúblicas con sus platónicos,  los lagos plenos de moradores, los prados habitados de esperanzas,  algunos callados montes soleados  quietos; y los valores sempiternos  constantes de la equidad o los resultados de las elecciones que lo cambian todo para que todo siga igual y sobre todo no cambie (2). 






Me gusta  el asno  dulce 




Me gusta el asno esmerado

Por el camino acebado


Se acerca a los badenes

De un paso con vaivenes


Le teme a las abejas

y mueve sus orejas


Lleva  a la gente desdichada

Y a sacos repletos de cebada


Siempre anda pensando

Sus ojos están invitando


Porque para la providencia

Él es más que la ciencia


Ha cumplido con su deber

Del alba al atardecer


Se queda en una vaqueriza

¡Qué morada  escurridiza!


Lleva bien fatigados

Sus pobres pies usados


Ha trabajado mucho

Él es alguien muy ducho.




(1): Viví de pequeño, sin quererlo ni desquerelo, una decena larga de años, a no más de cien o dos-cien pasos de lo que me dijeron ser -y era una casona- una  casona, que cobijó a Francis Jammes, en el sur, que también existe, francés, en Orthez. Sin saber yo ni donde estaba yo -o qué era donde estaba- ni las reglas de ahora; sin entender nada, que no es sin sentir nada y sin saber ni quién yo era ni qué fue del pasado ni qué era el ahora. El que ha traducido esto, que puede escribir bien en ocasiones, está hecho interiormente una piltrafa que apenas, muchas veces, puede entender (no entiende) lo que le dicen o mantener la atención y en ocasiones no puede ni decir ni un no, ni un sí, ni hablar siquiera; un sindromado de Down,  pero sin serlo, que es peor, un Stephen Hawking, pero por dentro, no físicamente, y ni el 10% de su talento. Y sin conocer las reglas ni qué son las cosas que hay.
Y además solo y disconforme con todo ello.
Como una rosa, no obstante, en comparación con el pasado anterior a hace dos o tres años me siento; porque aunque estoy igual que antes; ahora al menos me doy cuenta, en parte, de ello. Antes, ni eso.

(2): En referencia a la segunda y definitiva vuelta de las elecciones presidenciales del 6 de mayo de 2012 en las Galias lindantes




                 Le village à midi

Le village à midi. La mouche d’or bourdonne
                      entre les cornes des bœufs.
                      Nous irons, si tu le veux,
si tu le veux, dans la campagne monotone.

Entends le coq... Entends la cloche... Entends le paon...
                      Entends là-bas, là-bas, l’âne...
                      L’hirondelle noire plane,
les peupliers au loin s’en vont comme un ruban.

Le puits rongé de mousse ! Écoute sa poulie
                      qui grince, qui grince encor,
                      car la fille aux cheveux d’or
tient le vieux seau tout noir d’où l’argent tombe en pluie.

La fillette s’en va d’un pas qui fait pencher
                      sur sa tête d’or la cruche,
                      sa tête comme une ruche,
qui se mêle au soleil sous les fleurs du pêcher.

Et dans le bourg voici que les toits noircis lancent
                      au ciel bleu des flocons bleus ;
                      et les arbres paresseux
à l’horizon qui vibre à peine se balancent.

(Francis Jammes)


              El pueblo a mediodía

El pueblo a mediodía. La mosca de oro zumba          
             entre los cuernos de los bueyes.            
             Iremos si lo quieres,
si lo quieres, por el campo que retumba.

Oye al gallo... Oye la campana... Oye al pavo...
                  Escucha allí, allí al burro...
                  La golondrina negra en vuelo duro,
los álamos a lo lejos se van como en desmayo.

El pozo roído de espuma! Escucha la polea
            que chirría, que chirría en coro,
            pues la chica con cabellos de oro
sostiene el viejo balde negro donde la plata alea.

La chiquilla se va de un paso que tambalea
           en su cabeza de oro al cántaro,
           su cabeza como un relámpago,
que se enreda en el sol bajo la flor inquieta.

Y en el burgo los tejados ennegrecidos tiran
                 al cielo azul copos azules;
                 y los árboles gandules
del horizonte que vibra apenas si suspiran.





         La salle à manger

Il y a une armoire à peine luisante
qui a entendu les voix de mes grand-tantes
qui a entendu la voix de mon grand-père,
qui a entendu la voix de mon père.
À ces souvenirs l'armoire est fidèle.
On a tort de croire qu'elle ne sait que se taire,
car je cause avec elle.


Il y a aussi un coucou en bois.
Je ne sais pourquoi il n'a plus de voix.
Je ne peux pas le lui demander.
Peut-être bien qu'elle est cassée,
la voix qui était dans son ressort,
tout bonnement comme celle des morts.

Il y a aussi un vieux buffet
qui sent la cire, la confiture,
la viande, le pain et les poires mûres.
C'est un serviteur fidèle qui sait
qu'il ne doit rien nous voler.

Il est venu chez moi bien des hommes et des femmes
qui n'ont pas cru à ces petites âmes.
Et je souris que l'on me pense seul vivant
quand un visiteur me dit en entrant :
- comment allez-vous, monsieur Jammes ?

        
                El comedor

Hay un armario desdeñoso de los días
que oyó la voz de las tías de mis tías
que oyó la voz del padre de mi padre,
que oyó la voz de mi padre.
A esos recuerdos el armario es fiel.
Se equivoca quien crea que su boca no es  miel,
porque yo hablo con él.

Hay también un reloj cuco de haya.
No sé porqué ya no habla.
No se lo puedo preguntar.
Quizás ya no pueda echarse a andar,
la voz que llegaba a buenos puertos,
y se ha roto como la de los muertos.

Hay también un viejo aparador
que huele a cera y a mermelada,
a carne, a pan y a pera almibarada.
Sabe bien ese fiel servidor
que ha de guardarlo todo con candor.

Han venido aquí tantos hombres y féminas
que no han creído en estas pequeñas ánimas.
Y sonrío que piensen que soy el único vivo
cuando un visitante me dice altivo :
-como está usted, señor Jammes ?





Un jour bleu de l'Été 


Un jour bleu de l'Été que nous nous promenions,
Le petit que j'étais et la vieille servante,
Nous vîmes, sur le foin aux vagues reluisantes,
Battre des ailes un énorme papillon.

Et, m'avançant avec mille précautions,
Je posai brusquement sur cette fleur vivante
Mon chapeau, sous lequel je la pris pantelante,
Puis l'emportai dans une boîte à la maison.

Et mon coeur se serra d'indicible tristesse
Quand je montrai l'insecte à mes parents. Qu'était-ce?
Gomment le reconnaître? Ah ! II n'était plus tel

Que tout à l'heure... O mes frères en poésie!
Il n'avait plus autour des ailes la prairie
Qui me l'avait fait croire aussi grand que le ciel.



Un día azul de estío


Un día azul de estío en que todo reposa,
El niño que yo era y la vieja sirvienta,
Vimos, sobre el heno de ola que impacienta,
Batir sus alas una enorme mariposa.

Y adelantándome con mil precauciones,
posé bruscamente sobre esa flor de vida
Mi sombrero, sin que quedara herida,
Y la llevé en una caja a mis rincones.

Pero mi corazón se ciñó de indecible tristeza
Cuando mostré el insecto a mis padres. ¿Qué era?
¿Cómo reconocerla? ¡Ay! Ya no era el rielo

De antes... ¡O hermanos de canto!
Ya no tenía en torno a sus alas el campo
Por lo que la creí tan grande como el cielo.

(Francis Jammes, Traducción de Robín García)