viernes, 7 de diciembre de 2012

Dirigismo arquitectónico; urbanismo totalitario.

Me gusta Niemeyer a pesar de su locura  comunista fascista , su grandeza en delirio. No hay una sola construcción suya que no esté tocada de desbordamiento grandilocuente, megalomanía peligrosa en esencia, torpe y desbocada como un caballo libre del hombre, en la naturaleza; pero él no es un caballo que no altera el entorno de los hombres. Individualidad fuerte y sin control en contradicción básica por ello mismo con  comunismo y común.

 Pero me gusta porque enlaza con la  no rectitud en geometría y es cierto que la Naturaleza es curva, que el animal que ha de moverse relativamente -no sólo el hombre-  inventó y creó  la línea recta a contra pelo. Sólo olvidó el tropicalista sudista Niemeyer una cosa -adhiero a su sudismo pero de otra manera, adhiero a la multi polaridad cuando esta no rompa ni desgarre ni separe pero aúne. Olvidó que la línea recta es la distancia más corta entre un principio y un fin; el de una obra, el de cualquier obra; que de dos males hay que elegir el corto - no como Marx y los que en común todo lo ponen, menos sus privilegios y su mando; que elegían el largo. El mal largo incluso para ellos, no debe  ser impuesto.





Portugal, esa pequeña excrecencia Ibera periférica que debiera regresar a España, como lo hará la cataluña, sediciosa por culpa del dinero universal y planetario; contradicción; por la fuerza o no; ellos eligen. No se ha  de permitir la implosión destrucción de Europa Histórica -primero nosotros en España, luego la dulce Francia que las barbas de su vecino no debe ver pelar, el Reino Isleño Aislado; Teutonia; Italia y otros;  en reinos cortos y egóticos de Taifás, cuando hay países enormemente habitados amenazando con comprarnos  como pacientes hormiguitas  a todo el Occidente a medio plazo sin remedio (China por ejemplo; y la India en espera); ya funciona el reino asombrado de este mundo usurpado que nos domina, por desgracia así.

Una de las enfermedades, terrible fascismo en realidad; más comunes del comunismo;  es esa. Ser una doctrina que al pretender ser común a todos,  genera desbordantes monstruos únicos y solos que lo acaparan todo, dictaduras solemnes y falsas por doquier, precisamente por esa pretensión de representar sin resquicio y totalmente a los demás. Lo dictan todo en nombre de una generalidad a su medida, en nombre de todos , "pueblo" palabra sólo; "común" palabra sólo, que ellos por fuerza y derecho más-allá-de-lo-físico, derecho convertido en sociológicamente científico por medio de la sola palabra otra vez, otra vez inmune, prodigiosamente solemne y prodigiosamente cierta de Marx y de su Corte. Y prodigiosamente falsa la palabra de todos los demás bajo el fascismo y la palabra socialistas.

Portugal, decía, pequeñez que alumbra en Brasil su proyección más amplia, cuyo delirio ultramarino de grandeza se desborda en la inutilidad -o en una utilidad que desconozco por completo, que hubiera que temer- de la nueva capital Brasilia.




Una ciudad grandilocuente, falsa y falseada, producto de delirio constructor, ahistórica, inútilmente artificial; *dirigida*, construida *centralmente*, sin  participación de los de abajo -ni de los de al lado-  por unos pocos que se arrogan el derecho infame de *decidir ellos solos por todos los demás, en nombre de todos los demás*. Y sin que nadie de entre los demás pueda quejarse o protestar sin ser tachado de enemigo de la *palabra-(mal estático perenne)* "lo común" o enemigo de la aún más *palabra-(mal estático perenne)* "pueblo". Ellos solos, sus locos o malos constructores, representando a toda la humanidad en nombre de todo ella que sin embargo no ha sido siquiera consultada.

Recordemos que otras ciudades del mundo han sido obras del tiempo y de la historia y de *decenas de miles de arquitectos* que a pesar de normas o imposiciones centralistas de reyes, visires, conde duques, juntas democráticas o no tanto,  presidentes o alcaldes que mandan lo que quieren; han hecho ciudades  de muchos, para muchos, no locamente dirigidas ni usurpando el nombre de todos ni del pueblo. La dictadura del centralismo socialista que además siempre fracasa económicamente, empobrece  sin excepción,  allí donde se implante.

Claro que esta ciudad nueva puede incluso  gustar. En una ciudad  que se construye con el espacio que se quiere, este último abundará, proporcionará  la generosidad aparente -pero no el calor ni el carácter- de las ciudades viejas democráticas.

Me duele y lamento que en mi juventud, me hayan podido engañar tanto, haya podido yo ser tan ciego como para declararme  a veces comunista, haberles votado incluso tantas veces, demasiadas, aunque sin militar jamás; haber confundido dramáticamente el *comunismo* con el *bien* *que ha de llegar y que esperamos*.

 Dramáticamente, como tantos otros engañados. Engañados que no hablaron ni pensaron con  el conocimiento suficiente y necesario, cuyo hablar no era su hablar, cuyo pensar tampoco; parasitados; hablados y pensados por otros. No eran ellos ni siquiera en los casos en que ellos dijeron -pero no eran tampoco  en esos casos ellos- más de una décima de lo que se les achaca (1) ; (2).

Pero a pesar de todo, no me disgusta el talento de Niemeyer con la condición que no sea un talento impuesto, dirigista, totalitario. Lo es, mientras que la Naturaleza, que él intentaba en su elegante curvatura  reproducir;  no es centralista pero diversa y democrática; acepta a todos. Que no engañen  más.



PS: Esta crítica dura pero no despiadada, no pretende sin embargo dar un cheque en blanco a un capitalismo global que ha de saber también equilibrar, civilizarse y moderarse,  muchas veces.





Aquí abajo está la gran contribución de Niemeyer a la pobreza terrible en las favelas del Brasil. Una  escultura bonita e inútil a los pies de la pobreza, mientras se construía la ciudad totalitaria y socialista, pero no para  los pobres de las favelas. El socialismo sólo se ocupa de sus fieles servidores, reduce. Un mero adorno para la gente que debe de vivir con uno sólo de los billetes verdes cada día. Para los fieles y acríticos una ciudad entera  nueva. Para los pobres una escultura, un mero simbolismo curvo que engañe al hambre.

 Sé perfectamente a lo que me arriesgo por osar criticar al  socialismo dictador que siempre razón única y sóla  tiene. Somos los demás en todo caso, jamás ellos, los que nos equivocamos y pobremente erramos, según ellos, ellos que dictan .




 (1): El amable lector que por azar -o no- tropiece en el presente escollo, ha de saber que esto no es una metáfora literaria al uso y al desuso; que los parasitados lo son  literalmente; que literal es su  inocencia.

(2): ¿ Correrá el riesgo acaso una literatura que no diga o denuncie lo que yo afirmo aquí, de ser tachada de burguesa, como tacharon inpunemente a tantos, de decir poco o  decir nada y ser un mero adorno sin el respaldo del pueblo y de esos pocos que lo engullen, dicen representarlo para siempre?